Mis amigas mayores que yo, siempre me han inspirado, entre otras cosas, respeto. Pero hete aquí mi sorpresa, y mi extrañamiento, cuando la existencia las convirtió en abuelas; me las cambiaron. Entonces, el acontecimiento en sí salpicó a varios de los conocidos, de una baba in-disimulable, insoportablemente contagiosa y encima nos impregnó de una mirada distintas de las cosas. Por supuesto que izo facto conocí a sus descendencias y mi asombro fue incrementándose a medida que sus niños, porque, con permiso de la madre, ya se los han apropiado un poquito, también van en aumento, de peso, de edad, de tamaño y de todo aquello que puedan desarrollar. Mientras tanto, por la oportunísima impertinencia de que los años transcurren, simple y llanamente veo como pasa la vida.
La cuestión es que los que a gatas llegan en altura a la punta de la mesa, con suerte aprenden a hablar más rápido que un suspiro. Y mediante órdenes, silabeo, o en idioma “tarzanezco” primero y en un contundente castellano con alguna que otra adaptación libre, después, proponen cada diálogo, que una termina preguntándose qué diablos hace parada en frente de estos mocosos y no va huyendo a tomarse un curso de filosofía clásica, resucitando al mismísimo Sócrates, en forma instantánea y con carácter de urgente, antes de ponerse de nuevo enfrente de ellos otra vez.
Luna, por poner un ejemplo, tiene cuatro años y heredó el temple de su abuela materna, una cuota de raye sano para no volverse loco de su madre, cierta impaciencia del abuela, la seriedad y concentración de su tía y algunas cosas parentales. Por lo tanto se empareja con los de su especie, niños menores de edad, parecen omniscientes : todo lo mira, todo lo escucha, todo lo sabe y lo que no por cierto, lo adivina, El tema es que la nena en cuestión, a la edad de tres años, me hizo rebobinar los pocos conocimientos en materia de arte que tengo, sin olvidar que están prendidos por alfileres cuando me espetó muy seria: “¿sabes que Diego Rivera, el pintor, es el novio de Fridha Khalo, la pintora bigotuda?”. Creo que en un mismo acto reflejo, tragué saliva y alongué un largo suspiro que me dejó unos minutos de tiempo para mi arrobamiento y enojó a su poca paciencia, y dale, ¿sabes o no?, metió presión. Me arrodillé y me metí en un diálogo del cual no sabía que bien parada iba a salir. Mientras su abuela y su madre, huían despavoridas a Internet a averiguar un poco de arte pictórico. Y seña y santo de esos personajes. Por si acaso, les dije que no despegaran su anatomía del aparato, porque la párvula seguía hablando de Picaso, como si fuera su compañerito de jardín de infantes, y la hubiera invitado a su atelier, aunque por cierto, conoció el atelier de Pepe Cáceres. Para rematarla, en un acto posterior, mientras la madre de su madre, intentaba relajarse de tanta presencia infantil, le interrumpió el concentrado zapping, indicándole que no pusiera Montecristi porque a ella le gustaba el de pelo amarillo, refiriéndose a Facundo Arana. Cuando miró, con benevolencia, a mi hijo de tres años, que práctica Tarzán básico, siempre y cuando suponga que vale la pena comunicarse con el mundo exterior, que para él es muy sintético, a saber: su mamá, su hermana y su gata, su colega, me dijo, déjalo, pobrecito, lo que pasa es que no te habla porque es muy tímido. Hete aquí que la miré a ella, agradeciéndole la indulgencia, y en un flash, me vinieron las palabras de mi vieja, que decía “algunos varones son más remolones para hablar”. Y a mí la obsoleta cigüeña me mandó un tortugo divino, él se toma su tiempo para todo, pero su forma de mirar, de quién la habrá heredado digo yo, es la de triple rayos x, y es como si permanentemente estuviera radiografiando todo lo que ve a su paso. Así que mi engendro no parla pero se fica y para cuando hable me facturará las que va meditando, mientras tanto, mis amigas antecesoras, se restriegan las manos, me miran con sorna, simplemente se sientan, a esperar el ansiado momento en que mi “tarzanito” sea entendible. Glup, la que me espera.
MONICA BEATRIZ GERVASONI
servido por Mònica Beatriz
sin comentarios
compártelo
porfía: juana de los desconocidos de siempre
Aviso clasificado: se ofrece pichòn de periodista y de espìritu. Algo veterana en años, 39 abriles. Con experiencia previa, y previo abono de piso, en ser pichòn y escriba, colaboraciones mediante. Sexo femenino. 1.50 de estatura.
Peor es nada:
Resumen de mi experiencia laboral en el rubro
Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias...según la teoría tanguera. con ella bajo el brazo, llamé al secretario de redacciòn de una revista de circulaciòn pùblica, para pedir una entrevista. Una voz en el telèfono sentenciò: "la entrevista te la doy, pero desde ya te aclaro que tenés que ser lo suficientemente buena si querés un espacio en la revista, porque material es lo que sobra y lugar lo que falta. Glup, fue el ruìdo del atragamiento con el que corté espantada y con un gracias, bastante tartamudo y apenas audible. Pero me dije: arriesgate, Catalina y me mandé. Con el c.v. llevaba una nota sobre chismes, dimes y diretes, frases hechas, de esas que suelen romper con ganas la paciencia y otras cuàntas pavadas cotidianas, por el estilo. Me dijo que la nota era buena pero el tema re trillado. Ahí nomás saquè mis ases de la manga y ¿què creen que eleigiò?. Este tema que viste y calza esta nota. Fruto de un chascarrillo telefónico con una amiga quièn matándose de risa de mis peripecias en mi intento de ser periodista, dijo lo más suelta de cuerpo: "ves sobre esto tenés que escribir vos". Luego colgó y se fue lo más campante de vacaciones. Y aquì estoy yo conuna suma de desvelos, escribirla, entregarla y encima que me la publiquen.
Un dìa volví como perro con dos colas, a mi hogar dulce hogar, todos me asaltaron preguntándome: che, ¿sacaste la grande que tenés esa cara de felicidad?
Cuando les contesté que me habían respondido de una editorial, respondieron con un lacónico, "ah, era eso". Y perro, marido, hija, madre y padre volvieron a sus ocupaciones habituales.
adjudico, entonces, las publicaciones a los siguientes artilugios supersticiosos que son aptos para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, como para los guardapolvos estudiantiles a la hora de pelar machete y qu eno los pesquen.
Defender a grito pelado a una arañita casera. Hasta viajó conmigo en el cole. Acorrarlar a un grillo, enemigo acérrimo de Morfeo y bancarse las consecuencias de que nadie pueda dormir hasta que el energúmeno terminase con sus entonaciones. Que fueron varias por cierto, en el transcurso de la noche.
Cuando por fin concreté la entrevista y me sugirieron volver a comunicarme en una semana, dicha semana me la pasè trepando por las paredes. Gracias a Dios que para cuando conseguì bajar había transcurrido el tiempo pactado. Otra vez con el tartamudeo congénito volví a llamar. del director y del secretario de redacciòn, ni señas, zas, pensé, el viejo truco. Ya me veía llenando bañadera de lágrimas. Pero no... en vez de escuchar el consabido tono, nuevamente oigo: "¡¿Pero vos quièn sos!? Vuelvo a repetir mi cantinela de presentaciòn de siempre, estudiante crónica de periodismo...no alcanzo a terminar cuando me interrumpen, ah, vos sos las que nos mandó una cantidad infernal de material. Si, alcancé a decir con un apenas hilito de voz y tratando de que el corazón no se disparara fuera del pecho. Ah, bueno, dijo con toda naturalidad, nos gustó, eh. y como si fuera lo más normal del mundo espetó, cuàndo pasás para publicar. Creo que no terminó de decirlo que yo ya estaba ahí. lleguè más levitando que caminando. sin embargo la llegada fue un itinerario y un calvario de metidas de pata. cualquier cosa, la ansiedad tuvo la culpa. pero...abrí la puerta del ascensor entre piso, tropecé con cuanto escalón había. dije buenas tardes, cuando era un buen día muy nublado. en la recepciòn no tenía idea de què decir. como si alguna vez hubiera tenido una. o que en su defecto, la hubieran comido los ratones con lengua y todo. Tuve la imperiosa necesidad de darme vueltas, aùn a sabiendas que a nadie más que a mí me debería estar llamando el jefe y el secretario de redacciòn, porque sensillamente, el àspero tacto de la pared en mi espalda confirmaba mis sospechas... en fin, nadie es perfecto.
servido por Mònica Beatriz
sin comentarios
compártelo