Yo quiero ser periodista ¿y Ud. ?
porfía: juana de los desconocidos de siempre
Aviso clasificado: se ofrece pichòn de periodista y de espìritu. Algo veterana en años, 39 abriles. Con experiencia previa, y previo abono de piso, en ser pichòn y escriba, colaboraciones mediante. Sexo femenino. 1.50 de estatura.
Peor es nada:
Resumen de mi experiencia laboral en el rubro
Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias...según la teoría tanguera. con ella bajo el brazo, llamé al secretario de redacciòn de una revista de circulaciòn pùblica, para pedir una entrevista. Una voz en el telèfono sentenciò: "la entrevista te la doy, pero desde ya te aclaro que tenés que ser lo suficientemente buena si querés un espacio en la revista, porque material es lo que sobra y lugar lo que falta. Glup, fue el ruìdo del atragamiento con el que corté espantada y con un gracias, bastante tartamudo y apenas audible. Pero me dije: arriesgate, Catalina y me mandé. Con el c.v. llevaba una nota sobre chismes, dimes y diretes, frases hechas, de esas que suelen romper con ganas la paciencia y otras cuàntas pavadas cotidianas, por el estilo. Me dijo que la nota era buena pero el tema re trillado. Ahí nomás saquè mis ases de la manga y ¿què creen que eleigiò?. Este tema que viste y calza esta nota. Fruto de un chascarrillo telefónico con una amiga quièn matándose de risa de mis peripecias en mi intento de ser periodista, dijo lo más suelta de cuerpo: "ves sobre esto tenés que escribir vos". Luego colgó y se fue lo más campante de vacaciones. Y aquì estoy yo conuna suma de desvelos, escribirla, entregarla y encima que me la publiquen.
Un dìa volví como perro con dos colas, a mi hogar dulce hogar, todos me asaltaron preguntándome: che, ¿sacaste la grande que tenés esa cara de felicidad?
Cuando les contesté que me habían respondido de una editorial, respondieron con un lacónico, "ah, era eso". Y perro, marido, hija, madre y padre volvieron a sus ocupaciones habituales.
adjudico, entonces, las publicaciones a los siguientes artilugios supersticiosos que son aptos para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, como para los guardapolvos estudiantiles a la hora de pelar machete y qu eno los pesquen.
Defender a grito pelado a una arañita casera. Hasta viajó conmigo en el cole. Acorrarlar a un grillo, enemigo acérrimo de Morfeo y bancarse las consecuencias de que nadie pueda dormir hasta que el energúmeno terminase con sus entonaciones. Que fueron varias por cierto, en el transcurso de la noche.
Cuando por fin concreté la entrevista y me sugirieron volver a comunicarme en una semana, dicha semana me la pasè trepando por las paredes. Gracias a Dios que para cuando conseguì bajar había transcurrido el tiempo pactado. Otra vez con el tartamudeo congénito volví a llamar. del director y del secretario de redacciòn, ni señas, zas, pensé, el viejo truco. Ya me veía llenando bañadera de lágrimas. Pero no... en vez de escuchar el consabido tono, nuevamente oigo: "¡¿Pero vos quièn sos!? Vuelvo a repetir mi cantinela de presentaciòn de siempre, estudiante crónica de periodismo...no alcanzo a terminar cuando me interrumpen, ah, vos sos las que nos mandó una cantidad infernal de material. Si, alcancé a decir con un apenas hilito de voz y tratando de que el corazón no se disparara fuera del pecho. Ah, bueno, dijo con toda naturalidad, nos gustó, eh. y como si fuera lo más normal del mundo espetó, cuàndo pasás para publicar. Creo que no terminó de decirlo que yo ya estaba ahí. lleguè más levitando que caminando. sin embargo la llegada fue un itinerario y un calvario de metidas de pata. cualquier cosa, la ansiedad tuvo la culpa. pero...abrí la puerta del ascensor entre piso, tropecé con cuanto escalón había. dije buenas tardes, cuando era un buen día muy nublado. en la recepciòn no tenía idea de què decir. como si alguna vez hubiera tenido una. o que en su defecto, la hubieran comido los ratones con lengua y todo. Tuve la imperiosa necesidad de darme vueltas, aùn a sabiendas que a nadie más que a mí me debería estar llamando el jefe y el secretario de redacciòn, porque sensillamente, el àspero tacto de la pared en mi espalda confirmaba mis sospechas... en fin, nadie es perfecto.
